Partiendo de la premisa de que soy partidario declarado de la legalización de todas las drogas creo que la legalización no acabaría con el consumo, pero si con los consumos conflictivos, aunque la experiencia de Portugal nos dice que lo ha hecho bajar considerablemente desde que despenalizaron el consumo y la tenencia. Las drogas conviven con el hombre desde los primeros tiempos y es una utopía pensar en que pueda erradicarse totalmente el consumo, con lo que si acabaría es con el narcotráfico o en su defecto lo dejaría reducido a la mínima expresión. Antes de abordar decididamente la legalización deberíamos de considerar algún que otro tema.

El consumo y tráfico de drogas ilegales son considerados delitos contra la salud pública y como tal son sancionados, no en vano las drogas ilícitas son las causantes de casi 300.000 muertes. Las legales se pueden vender y consumir a pesar de que el tabaco es el responsable de más de 4 millones de muertes y el alcohol de 2 millones, ¿estas muertes no son consideradas un delito contra la salud pública? ¿porque son legales? Parece ser que, como James Bond el agente 007, les han concedido licencia para matar. Esto es lo primero que hay que abordar el tabaco y el alcohol, a pesar de ser legales, son de las drogas más adictivas y peligrosa que hay con graves consecuencia para la salud de las personas que en muchas ocasiones llega hasta la muerte y más peligrosas que la mayoría de drogas ilegales, p.e. con el cannabis no se ha constatado nunca que haya sido la causa de ninguna muerte. Es ya hora de acabar con tamaña incongruencia de drogas legales y drogas ilegales, o todos moros o todos cristianos. Todas legales o todas ilegales.

Legales Entre otras razones se podría controlar la producción, distribución, venta y consumo, pudiendo hacerse las campañas de prevención, desintoxicación y abandono del consumo mucho más eficaces al tener muchos más datos de sus usuarios. Se ahorrarían los enormes costos de represión del tráfico que podrían aplicarse a campañas de prevención, disminución de riesgos y reducción de daños. Se reduciría en  gran parte la población penal, más de un 30 % de los 63.000 reclusos que hay en España lo son por delitos contra la salud pública y consecuentemente el costo de su mantenimiento. Existiría un control de calidad que evitaría las muertes por adulteración y sobredosis,. Se les podría aplicar impuestos para dedicarlos a fines sociales y de sanidad derivados del consumo de drogas. Se podría aumentar el número de consumos responsables que afecten lo mínimo posible la salud del consumidor.

Ilegales los narcotraficantes celebrarían con entusiasmo que el tabaco y el alcohol fueran declarados ilegales aumentaría su negocio con una importante cifra de consumidores legales convertidos en ilegales. Para aumentar su negocio podrían adulterarlos produciéndose entonces más muertes por ingestión de alcohol adulterado, como cuando la triste y famosa Ley Seca de EEUU. La prohibición promueve una política de desinformación sobre los verdaderos efectos de las drogas. Bajo la prohibición no se habla de drogas suaves y drogas fuertes, todas son igual de peligrosas. Esta desinformación beneficia el consumo porque los jóvenes frente a la droga no pueden tomar una decisión informada y responsable. La prohibición promueve directamente el consumo, porque todo  lo prohibido es ansiado, sobre todo en la juventud. La globalización ha internacionalizado el narcotráfico poniendo en contacto a todas las mafias y organizaciones criminales de todo el mundo y los paraísos fiscales aseguran la impunidad y el blanqueo de dinero negro del crimen organizado, del narcotráfico, del terrorismo, del tráfico de armas, del tráfico de personas y de la corrupción en general. El narcotráfico con la gran facilidad de poder abarcar con su nefasto negocio todo el planeta desequilibra los estados en los que trafica y vende, desequilibra la economía al efectuar inversiones, con el dinero blanqueado en paraísos fiscales, y en las inversiones y decisiones macroeconómicas. Desequilibra también a la sociedad al aumentar la criminalidad y el deterioro del estado de derecho.

Y aunque parezca utópico con la globalización, que ha conectado a todas las organizaciones criminales,  la incursión del narcotráfico en la trata de blanca y el tráfico de armas,  la infiltración del dinero del narcotráfico en bancos y entidades financieras y viendo la caótica situación de Méjico, ¿Cuanto tiempo falta para que aparezca un Narcoestado? Posiblemente muy poco si los gobiernos e Instituciones supranacionales no le ponen remedio.

Firmado: Joan Manuel Riera Casany
Voluntario social