En los últimos años, se ha observado un incremento en el consumo de hipnosedantes sin prescripción médica entre los jóvenes. Medicamentos como el Rivotril (benzodiacepinas) y la Lyrica (pregabalina) están siendo utilizados de manera indebida, lo que ha inquietado a las autoridades sanitarias y educativas.

Según la encuesta EDADES de 2023, en España, la edad promedio para comenzar a consumir hipnosedantes sin receta entre la población general de 15 a 64 años es de 30,8 años. Sin embargo, los datos de la encuesta ESTUDES del mismo año, dirigida a estudiantes de Enseñanza Secundaria, revelan una realidad preocupante: los jóvenes empiezan a consumir estos medicamentos a edades mucho más tempranas. En 2023, la edad promedio de inicio fue de tan solo 14,4 años, manteniéndose en el rango de 14 a 15 años.

Aunque las estadísticas oficiales sobre el consumo de hipnosedantes entre jóvenes proporcionan una visión general, existen perfiles de la población juvenil que no están plenamente representados en estos datos. Esto plantea una pregunta crucial: ¿hasta qué punto reflejan las estadísticas oficiales el consumo de hipnosedantes entre los jóvenes en exclusión social?

En Episteme, llevamos alrededor de dos años investigando las adicciones en poblaciones ocultas. A través del trabajo de campo realizado en el marco del estudio «Procesos de empoderamiento y acceso a derechos en las poblaciones (semi) ocultas drogodependientes»[i] financiado por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 a cargo dela convocatoria de IRPF 0,7 hemos identificado una tendencia sostenida y preocupante que ha pasado desapercibida en las estadísticas generales: el abuso de fármacos hipnosedantes entre Menores Migrantes No Acompañados y Jóvenes Migrantes Extutelados.

La imagen del Menor Migrante No Acompañado consumiendo sustancias en el espacio público, ha sido politizada e instrumentalizada en momentos oportunistas de crispación y polarización política. Una imagen que, cuando conviene, se arroja rodeada de mensajes de odio y discriminación. Sin embargo, la realidad revela que nos encontramos ante una situación de inseguridad jurídico-administrativa y una vulneración sistemática de derechos, como menores y como migrantes.

En nuestra investigación, hemos realizado entrevistas a Menores Migrantes No Acompañados y Jóvenes Migrantes Extutelados para entender mejor el preocupante fenómeno del consumo de hipnosedantes. Descubrimos que estos jóvenes comienzan a consumir benzodiacepinas entre los 12 y 13 años, uno o dos años antes que la media reflejada en la encuesta EDADES para la población escolar.

De nuestra muestra, un 24% de los jóvenes admitió consumir benzodiacepinas diariamente, y un 28% reconoció haberlas consumido en el pasado. Además, un 84% de los encuestados consume hachís a diario en combinación con benzodiacepinas. Los motivos detrás del consumo son variados, pero sobre todo destacan problemáticas de salud mental derivadas del duelo migratorio y experiencias dolorosas en su proyecto migratorio.

Gráfico.  1 Frecuencia de consumo de benzodiacepinas en población entrevistada (N:25). Elaboración Episteme a partir del estudio

Nuestra investigación identificó tres momentos clave en los que el consumo de estos fármacos se intensifica y con ello presenta un mayor impacto sobre su salud mental y problemas relacionales:

  1. Inicio en el país de origen de consumo de hachís
  2. Inicio o aumento durante la fase de institucionalización o en ciudades fronterizas: Consumo de
  3. Inicio o aumento tras la desinstitucionalización

Vemos necesario generar conocimiento en torno a las fases identificadas porque permite evitar la repetición de desaciertos y discurrir en torno a modelos de atención que favorezcan la planificación de la acción y con ello la protección y la acogida. Además, se puede establecer un modelo de atención extrapolable a otras zonas que experimentan asimismo el fenómeno. Cada una de estas etapas implica una serie de riesgos específicos que afectan a la salud mental de los jóvenes: riesgos ambientales, entornos tensionados, falta de garantías de futuro, falta de formación. Si no se interviene con modelos preventivos ajustados sus necesidades, el sistema de protección del menor puede, irónicamente, generar escenarios no previstos.

Lo que resulta especialmente grave y subraya la importancia de este estudio es que el sistema de protección y tutela administrativa, basado en modelos meritocráticos, puede estar contribuyendo a situaciones de desamparo, en lugar de brindar la protección necesaria a estos jóvenes vulnerables. Resultó clave el testimonio de una psicóloga ubicada en Ceuta para dar cuenta de esta realidad:

«Las noticias que a nosotros nos llegan de ellos es que, al final acaban delinquiendo en la calle y acaban en centros de internamiento porque, claro, es que, a un niño con tantas dificultades, con problemas de consumo, emocionales…Aunque las personas que trabajan con estos niños piensen que darle un recurso es “premiar” su mala conducta, por así decirlo, en realidad no hay un trabajo de prevención. Es que, ese niño que está aquí, te guste o no, mañana va a ser tu vecino, entonces haz lo que esté en tus manos para que sea un buen vecino»

(Psicóloga, Ceuta, Centro de Menores, N18)

A finales de este año publicaremos los resultados de nuestro estudio, pero ya podemos adelantar algunos hallazgos importantes y una serie de necesidades identificadas.

  • Aunque el perfil de los menores no acompañados ha evolucionado hacia jóvenes con proyectos migratorios más definidos, sigue preocupando aquellos que llegan con hábitos de vida en la calle y un consumo de fármacos muy arraigado
  • Hay una laguna de acciones de prevención de adicciones específicas para estos jóvenes en sus entornos de socialización. Ya sea en los centros o en las viviendas tuteladas
  • Los recursos destinados al tratamiento de la Patología Dual, que es la coexistencia de un trastorno adictivo y otro trastorno mental, son muy limitados para esta población
  • Es recomendable promover la mixtura social en los centros de acogida y adaptar los recursos de reducción de daños desde una perspectiva transcultural.

A pesar de las numerosas mejoras realizadas en el sistema de protección al menor no acompañado y ante las expectativas de una revisión del artículo 35 de la Ley de Extranjería, que esperemos agilice su situación legal y mejore sus condiciones materiales, aún se carece de una perspectiva preventiva integral respecto a las adicciones. Estas adicciones a menudo se consideran más una causa de su situación que una consecuencia, lo que subraya la necesidad de una intervención más efectiva y preventiva en este ámbito.

«La gente necesita trabajar. Dale trabajo en el campo, lo que sea, dale una vivienda y que empiece a trabajar.  Dale una oportunidad, hay gente que de verdadmerece la pena. Veintisiete años llevo en esta vida, yo, imagínate como acabaré de aquí a dos años: con las drogas, o arruinado en la cárcel sin recursos, sin nada. La puerta que picas no te abre»

(Lukyan, Asturias, 275, Joven Migrante Extutelado, 27 años)

 

 

[i] Financiado por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 a cargo de la convocatoria de subvenciones del IRPF 0,7 para estudios de interés general.