Cuando observamos la relación entre las organizaciones o instituciones de salud o bienestar social que trabajan sobre las drogas y los medios de comunicación, se nos ofrece un panorama ambivalente. Por una parte, se da efectivamente la cooperación y el interés en ofrecer una información de calidad, pero por otra, las instituciones y los profesionales de este ámbito, que son los que deben aportar el discurso sobre un asunto tan delicado, advierten con frecuencia que no se enfoca en los medios con el debido tacto y precisión.

Son bien conocidas algunas polémicas surgidas en torno a fenómenos como la supuesta aparición y uso de la burundanga en las agresiones sexuales [1][2], la droga caníbal que se decía que provocaba canibalismo a aquellas personas que la tomaban [3] o el captagón que servía para estimular y dar energía a los combatientes islamistas [4]. Aunque no siempre son falsas todas las informaciones sobre estas sustancias, como por ejemplo el caso de la Fenetilina o captagón en el uso como arma de guerra, las entidades o personas expertas que trabajan para mejorar el conocimiento sobre drogas señalan la ligereza, torpeza y sensacionalismo con el que trabajan algunos medios, sobre todo cuando llega el verano y faltan noticias frescas para publicar.

Esto contribuye a generar una percepción distorsionada en la sociedad de lo que son las drogas y qué efectos tienen. Contrastan opiniones muy alarmistas y estereotipadas con otras que banalizan o favorecen el consumo y crean una falsa expectativa de control.

Muchos profesionales del ámbito de las drogas experimentan una gran incomodidad cuando ejercen de portavoces en determinados temas y ven sus aportaciones reducidas o retocadas sin su previo consentimiento, viendo obviamente frustrado su intento de mejorar el conocimiento sobre las drogas, sus efectos, consecuencias o riesgos, estrategias para su prevención, atención o tratamiento, etc. Necesitamos contrarrestar la imagen distorsionada y sensacionalista en algunos medios que buscan, seguramente, acaparar audiencias y poco más [5]. Muchas veces hay buena intención de dar voz a los que conocen el tema e informar correctamente, pero en el caso de la información sobre drogas se exigen canales de colaboración constructivos y ágiles para construir noticias de información contrastada, de calidad, objetivable y veraz, que ayuden a sensibilizar a las personas lectoras y formarlas para una mejor labor, en caso de que sean profesionales, evitando en cualquier caso la mala praxis que no tiene utilidad alguna. Se trata de cambiar la mirada:  en lugar de ver permanentemente el conflicto, observarlo desde una perspectiva positiva, para cooperar y promover el cambio social desde una responsabilidad social compartida [5].

Es cierto que para esto, aunque no es condición única e indispensable, hace falta un posicionamiento político que promueva claramente una comunicación sobre drogas de un modo holístico, claro, y útil para cualquier sustancia, situación o contexto de consumo, atendiendo también a las distintas realidades y necesidades de las personas que las consumen. Por ejemplo, no sólo en momentos puntuales como sucede con el cannabis, el alcohol y el uso en los menores, o la aparición de las nuevas sustancias psicoactivas.

No es tarea fácil, pues existen —y necesitamos hablar de ellas— un conjunto de dificultades específicas que tiene los medios de comunicación para tratar ciertos temas, que se agravan en el caso de las drogas. Es un ámbito discursivo complejo, hasta para expertos en el tema o excelentes comunicadores. En los noticieros se prima lo nuevo, lo morboso y lo que llama la atención, y todo ello no tiene mucho que ver con la información científica y contrastada que proponemos.  Además, los tiempos informativos son muy breves, y la rapidez da poco espacio para la reflexión, la elaboración de contenidos y discursos y el contraste de opiniones. Tenemos delante un mapa informativo global, donde nos llegan a veces noticias muy descontextualizadas respecto nuestro día a día, como por ejemplo con el caso de la epidemia de opioides en EE.UU. [6]. Existe una influencia de los poderes económicos y políticos en los medios de comunicación que prioriza el beneficio económico de las grandes empresas y bancos, que a la vez son propietarios de estos medios. También es muy frecuente encontrar solamente una fuente informativa, por ejemplo la policial-judicial, cuando sería muy recomendable contar con fuentes científicas, de trabajo y acción directa, o de personas afectadas.

Todas estas dificultades se unen a otro gran número de barreras, con los que nos topamos los profesionales e instituciones que trabajamos en el ámbito de las drogas: desconocimiento de cómo funcionan los medios; competencias profesionales dirigidas exclusivamente hacia el trabajo en tratamiento, prevención, investigación o represión, pero insuficientes para dar una buena respuesta informativa conjuntamente con los medios; faltan expertos activos en estos medios con perfil psicosocial y a la vez periodístico; los equipos de prensa de las entidades y organizaciones tienen otros objetivos más urgentes que informar y sensibilizar, y, si lo hacen, es a base de su interés y motivación personal. Por último, no hay suficiente inversión en la cooperación con los medios por falta de interés, de confianza en su potencial, o por desidia o desesperanza (“no hay nada que hacer”).

Llegados a este punto, ¿qué soluciones podemos buscar para una mejor comunicación sobre drogas? Hay muchas opciones interesantes, muchas de la cuales intentamos aplicar en el portal informativo de LasDrogas.info, pero seguramente lo más importante sea la apuesta para una comunicación didáctica, que destaque lo relevante en lugar de lo anecdótico, con un enfoque basado en la salud/bienestar, que sensibilice sobre lo importante, que diga la verdad objetiva, especialmente a los poderes políticos y económicos.

Por otro lado, también los profesionales de drogas pueden abrir sus marcos de cooperación con el ámbito periodístico, estableciendo o creando nuevas fuentes de información específica y fiable, con disponibilidad y rigor para desmentir mitos y desinformaciones, acercando o mejorando las relaciones de confianza con los periodistas, evitando la dispersión informativa a través de blogs, webs, newsletters u otros canales profesionales, y procurando que las personas afectadas directa o indirectamente sean escuchadas.

En definitiva, como dijo en su momento Steve Jobs, “la calidad es más importante que la cantidad”. Y para producir productos de calidad, hace falta mucha atención, presencia, consciencia y dedicación en lo que uno hace, para que tenga sentido y sea útil para los demás.

Referencias

  1. Caudevilla, F. “El mito de la burundanga”. Acceso en: https://www.lasdrogas.info/opiniones/el-mito-de-la-burundanga/
  2. Burgos, A. “Más allá de la Burundanga, una mirada feminista”. Acceso en https://www.lasdrogas.info/opiniones/mas-alla-de-la-burundanga-una-mirada-feminista/
  3. Energy Control. “Comunicado de prensa. La droga caníbal: ¿realidad o ciencia ficción? [04/07/2014]”. Acceso en https://energycontrol.org/energycontrol.org/noticias/539-comunicado-de-prensa-la-droga-canibal-irealidad-o-ciencia-ficcion-04072014.html
  4. Ai Laket!! “Captagón y su uso como arma de guerra”. Acceso en http://www.ailaket.com/?p=4470
  5. Ferrer, X. “Cooperación entre profesionales de las drogodependencias y de la comunicación: conflictos, oportunidades, dificultades y soluciones”. Ponencia realizada en las XLIII Jornadas Nacionales Socidrogalcohol. Alicante, marzo de 2016.
  6. Melgarejo, S. “Opioides en España: ni repunte silencioso ni crisis a la americana.” Publicado en Redacción Médica y acceso en https://www.redaccionmedica.com/la-revista/reportajes/opioides-en-espana-ni-repunte-silencioso-ni-crisis-a-la-americana-4492

Nota: Agradecimientos especiales a la revisón del texto hecha por María Luisa González Diez.