La relación entre el abuso y dependencia de sustancias y la problemática de las personas sin hogar es evidente y ampliamente conocida desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no es frecuente que pueda hacerse un estudio longitudinal* para averiguar qué sucede con esas personas sin hogar, y por eso nos ha parecido relevante extractar y comentar este artículo de reciente aparición para facilitar su conocimiento a los lectores de lasdrogas.info.

El estudio se ha llevado a cabo en la ciudad de Girona (conocida tradicionalmente como Gerona en español), capital de la provincia del mismo nombre. Es una ciudad con raíces medievales, con una historia de tradición judía de las más importantes de occidente y actualmente moderna, dinámica, con una población de unos 100.000 habitantes y una renta per cápita alta en el conjunto de España. Sus servicios sociales son los que, según la distribución actual de responsabilidades en España, se ocupan de atender a las personas sin hogar que se hallan en el municipio, si bien otros servicios, tales como los de Salud o atención a drogodependencias, pueden depender de instituciones a nivel regional (Comunidad Autónoma de Cataluña). También del municipio y la comunidad autónoma dependen la policía local y la catalana, siendo por lo tanto mínima la interacción de las personas sin hogar con servicios del Estado, más allá de la naturalización de casos de extranjería y de la percepción de ciertas pensiones.

El estudio ha seguido una cohorte de 826 personas atendidas por problemas de exclusión residencial en Girona en 2006, hasta el 2016. Entre ellos, se ha determinado quiénes cumplen las características de «cronicidad» definida según una institución federal estadounidense (Housing Urban Department). Se trata de la única definición de cronicidad  a nivel internacional, y la establece para aquellas personas sin hogar que han estado un año entero seguido en la calle, o bien al menos cuatro periodos en un plazo de 10 años, y donde además se den incapacidades de tipo físico, de desarrollo, orgánicas o psíquicas (incluyendo la patología mental y las adicciones).

En este caso los investigadores encuentran que este porcentaje de personas sin hogar «crónicas» sería alrededor de un 11%, cifra que habría ascendido a un 25% si no se hubiera exigido también un trastorno mental concomitante. El 64% de la muestra inicial son inmigrantes, que tienden a desaparecer rápidamente durante los 10 años de seguimiento, y sólo un 12,6% son originarios de Cataluña, básicamente de la misma ciudad de Girona, que es quien organiza la atención, representando un 11,6%. La mediana de tiempo de estancia en la calle es de 16 días en el año de su detección, que aumenta a 36 días/año entre los que permanecen en la cohorte a los 10 años. En cambio, la media de tiempo viviendo en la calle es mucho mayor, de 76 días al inicio, por efecto de un grupo reducido de personas que están todo el año en la calle y hacen subir mucho el promedio.

Desde nuestro punto de vista resulta especialmente relevante tener en cuenta la interacción entre los diversos fenómenos y problemáticas, y así encontramos un 9% de las personas sin hogar con trastornos mentales y un 22% con drogodependencias. De entre ellos, un 6,1% presentan al mismo tiempo los dos problemas.

Entre las personas que se califican como «crónicas», y de los que en los últimos años en seguimiento parece que el número se estabiliza en torno a las 90 personas, la estancia media en la calle tiende a ir aumentando ligeramente, hasta llegar a 224 días como mediana en el último año (2016). Entre estas personas “crónicamente sin hogar”, en un 88,5% de los casos su diagnóstico mental es sobre drogas, y en un 24% de patología dual, siendo el alcohol la droga que más a menudo da origen a la dependencia.

Seguir una cohorte durante un tiempo determinado es una de las cosas más interesantes y productivas que se puede hacer en ciencias humanas y sociales. Existe el problema, sin embargo, determinado por nuestro sistema de asistencia social, pensado sobre una base municipal cuando el problema no lo es en absoluto, de que se pierde siempre una parte enorme de los miembros de la cohorte simplemente porque han marchado a otro lugar, o porque no se había diseñado un sistema de contacto y seguimiento posterior desde el principio. La unificación de los sistemas de información entre los diferentes servicios públicos, de ONGs y concertados es pues uno de los retos pendientes de la atención social y sanitaria en nuestro país.

Finalmente los autores analizan y critican la definición de cronicidad -que deben usar a falta de otra mejor-, por su incoherencia conceptual (por ejemplo, si alguien tras un año en la calle superara esta situación, seguiría no obstante siendo considerado “crónico”) y por sus implicaciones biologistas, que parecen sugerir una imposible resolución.

Referencias:

*Calvo, F., Fitzpatrick, S., Fàbregas, C., Carbonell, X., Cohort Group, & Turró‐Garriga, O. (2020). Individuals experiencing chronic homelessness: A 10‐year follow‐up of a cohort in Spain. Health & Social Care in the Community, 28(5), 1787-1794. doi: 10.1111/hsc.13005