Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) como los ordenadores, las videoconsolas y los teléfonos móviles o smartphones, forman ya parte de la vida del niño y de los adolescentes.

Hay que recordar que su consumo ha ido en aumento en los últimos años de forma exponencial, pero con el desarrollo de la pandemia estamos asistiendo a un «alarmante abuso» de las TIC por parte de los adolescentes, y que interfiere «de forma notable» en las actividades de su vida diaria, a juicio del presidente de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), el doctor Félix Notario.

«Ser adolescente con frecuencia es difícil y con la enfermedad COVID-19 lo ha sido más. El cierre de centros educativos, la cancelación de eventos, la pérdida en definitiva de momentos importantes de sus vidas. Con ello, en muchos el refugio han sido las TIC, se han sentido aislados, ansiosos, tristes y decepcionados; todo ello un caldo de cultivo para la adicción», advierte el experto.

Así, detalla que los criterios de la adicción vienen caracterizados por: dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia y deterioro funcional en la vida del adolescente. «Los signos de alarma tienen muchas facetas en la esfera psicoafectiva y social. Vamos a detectar disminución del rendimiento académico, cambios en sus hábitos de comunicación (se encierra en sí mismo), irritabilidad, sentimientos de culpa, discusiones, a veces violentas, vergüenza, pérdida de interés por aficiones o entretenimientos previos, etc.», agrega.

Pero también el doctor Notario resalta que se encontrarían los problemas físicos, que con frecuencia detectan los médicos: mala calidad del sueño, sobrepeso, complicaciones metabólicas, dolor de cabeza, trastornos de la visión (borrosa, doble fatiga ocular), así como problemas auditivos, o incluso abuso de comida rápida. Para ello, apunta que en la actualidad existen unos cuestionarios que se emplean en las consultas para ver el grado de adicción de los menores, especialmente en el campo de los videojuegos.

Sobre el tiempo máximo de pantallas al que deben estar expuesto los menores, el doctor Notario mantiene que siempre lo aconsejable es permanecer frente a ellas lo menos posible. «Depende de la edad y de la personalidad del adolescente, de sus características, de sus problemas psicológicos previos, introversión, timidez, trastornos previos como déficit de atención , etc».

Eso sí, el experto en Medicina de la Adolescencia resalta que las redes sociales han sido, por ejemplo, una «excelente» manera de conexión mientras practicaban el distanciamiento social. En cambio, subraya que la adicción a los videojuegos es un problema «bien distinto», y la restricción debería ser mayor.

¿Cómo se tratan las adicciones a las TIC?

«La adicción, aunque en este caso sin sustancia, no olvidemos que es la repetición de una conducta placentera, y como decía Freud ‘toda actividad psíquica está orientada a evitar el displacer’. Cuando aparecen estos rasgo físicos y psíquicos descritos es el momento de consultar al especialista, o a ser posible un poco antes, los tratamientos empleados serán tanto psicofarmacológicos como psicoterapéuticos. Los antidepresivos y la terapia cognitivo- conductual jugaran su papel», destaca el presidente de la SEMA.

En este punto, si precisa que, aunque los medios tecnológicos forman parte de nuestra cotidianidad, desde el trabajo hasta el ocio, las necesidades de los adolescentes pasan aún más si cabe por el uso de nuevas tecnologías.

«Los profesionales dedicados a la adolescencia debemos ser conscientes de ello y prevenir el desarrollo de una adicción. Para ello deberemos definir los grupos objetivo (los chicos con más riesgo), mejorar sus actividades específicas, reducción del tiempo de uso, mejorar su autocontrol, manejo de estrés y emociones, mejorar hábitos de la vida diarios, etc», resalta.

En última instancia, el doctor Félix Notario, presidente de la SEMA, destaca la importancia del papel de las familias, de forma similar a las que tienen en las adicciones a otras sustancias. «Medidas en las que por supuesto hay que implicar al adolescente desde el primer momento», concluye.

Nota: artículo original publicado en infosalus.com