«Los jóvenes no saben que otras opciones tienen para divertirse y se ven alentados por este tipo de negocios. No van al cine, teatro o museos, se meten en casas de apuestas y gastan todos sus ahorros porque su equipo favorito juega un partido esa noche, es lamentable», comenta Benjamín Ramos, vecino de Tetuán, uno de los barrios con más número de casas de apuestas en sus calles.

En la otra punta de la ciudad, entre el metro Puente de Vallecas y Nueva Numancia, se encuentran múltiples locales de casas de apuestas, en las zonas colindantes varios colegios y centros educativos. Cuando acaba el horario lectivo, jóvenes adolescentes pasean por las calles del barrio cruzándose con este tipo de negocios al ir a sus casas o de camino a coger el trasporte público. Se ven atraídos por los oscuros escaparates con grandes letreros e imágenes que ocultan el interior del establecimiento. La curiosidad de los jóvenes les lleva a querer saber más, entablan conversación con otros consumidores que entran y salen, muchos de ellos acaban por entrar al negocio. Quizá por curiosidad, por conocimiento o por rutina muchos de estos jóvenes invierten su tiempo en estos locales sin saber el riesgo que puede suponer para ellos.

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