En el número anterior del dossier Ideas+Universidad, desarrollamos una historización de la cocaína, su surgimiento y su prohibición. En el siguiente artículo retomaremos las últimas décadas de la prohibición de las drogas para mostrar cómo fue utilizado este mecanismo para atacar a los sectores sociales que el gobierno consideraba peligrosos, o para profundizar la desigualdad social, como por ejemplo con un paradigma racista de las drogas. Profundizaremos también en el caso de Portugal, donde se descriminalizó el consumo/tenencia de todas las drogas como una alternativa al paradigma punitivista y profundizaremos en los límites del modelo.

La guerra contra las drogas y la actualidad

Cuando Richard Nixon solicitó un informe a la comisión Shafer sobre la relación entre drogas, adicción y criminalidad, no esperaba que ésta le presentara la inexistencia de la relación causal entre las mismas y la preocupación de la peligrosidad que representaba el alcoholismo sobre el resto de las drogas. Nixon, lívido, vociferó que esos eran “valores antiamericanos” y en 1971 pronunció su tan conocido discurso de la guerra contra las drogas: «El abuso de las drogas es el enemigo número uno de Estados Unidos». Haciendo exactamente todo lo contrario a lo presentado por la comisión Shafer, Nixon anunció un paquete de medidas como “armas” para esta guerra: un severo castigo a los productores, distribuidores y consumidores de las drogas controlado por la nueva y flamante Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas (DEA).

 

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