Cuando se vea con perspectiva, quizá 2018 sea recordado como el año en que la sociedad tomó conciencia de una nueva adicción, tan peligrosa como las ya conocidas a las drogas, al alcohol o al tabaco. En junio, la Organización Mundial de la Salud incluyó la adicción a los videojuegos en su lista de enfermedades mentales. En España, el Ministerio de Sanidad ha aprobado la nueva Estrategia Nacional sobre Adicciones, en la que se incorporan, por primera vez, las adicciones sin sustancia: a las nuevas tecnologías y también a los videojuegos.

Según datos ministeriales, casi el 20% de los jóvenes españoles de entre 14 y 17 años es adicto a las pantallas. Cambios en las conductas sociales, malas notas, irritabilidad si no están con sus teléfonos y alteraciones del sueño y la alimentación de una lacra que también afecta a los mayores de edad: el 77% de la población padece nomofobia, que así se denomina el miedo irracional a no poder utilizar el teléfono móvil.

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