El estudio halla una baja identificación de mujeres en situación de violencia machista, barreras a la atención y una baja coordinación entre recursos

Redacción – Las mujeres que sufren situaciones de violencia machista pueden, al mismo tiempo, ser consumidoras de sustancias y / o sufrir problemas de salud mental. Sin embargo, existen muy pocos servicios integrados que puedan intervenir ambas problemáticas a la vez. Las mujeres con problemáticas complejas sufren dinámicas de violencia concretas además de violencias institucionales que generan una fuerte victimización secundaria.

La Subdirección General de Drogodependencias en Cataluña ha elaborado un estudio a partir de grupos de discusión con el objetivo de conocer el funcionamiento y la coordinación de los recursos de salud mental, atención a las drogodependencias y atención y violencia machista, de cara a la atención a las mujeres que requieren asistencia de dos o más de estos tipos de servicios.

El estudio concluye que existe una infradetección de la violencia en los recursos de drogas y salud mental y, como consecuencia de esta, se sobrediagnostica en la red de salud mental por la falta de contextualización de síntomas en el marco de la violencia vivida.

Además, se identifican algunos elementos que dificultan la atención. El primero es la atención fragmentada que a menudo invisibiliza la situación de violencia. También se observa falta de perspectiva de género que también contribuye a invisibilizar dicha violencia. El techo de cristal de las intervenciones en perfiles de consumidoras de larga trayectoria implica que la cronificación de una realidad compleja provoca una falta de esperanza en superar la situación. Se identifica también la resistencia a tratamiento farmacológico como una dificultad para poder trabajar otros aspectos entre los cuales se encuentra el de la violencia, así como la falta de adherencia a los recursos.

Respecto las derivaciones, se observan pocas entre los distintos recursos y se identifica la figura de la persona referente que acompaña la mujer y hace seguimiento como un elemento positivo para mejorar las derivaciones.

La coordinación también se señala como un factor importante y con margen de mejora por lo que respecta a estos servicios. La participación en los circuitos de violencia y la creación de espacios bilaterales se identifican como estrategias positivas en este sentido.

Además, el documento elabora una serie de propuestas de mejora. Entre otras, el estudio identifica la necesidad de facilitar formación para sensibilizar e implementar protocolos y guías de buenas prácticas, así como una larga lista de propuestas para potenciar la coordinación.

Acceder al informe (en catalán) aquí