La industria del videojuego se ha convertido en un verdadero gigante a nivel internacional, más aún tras el pasado 2020, marcado por los distintos confinamientos y restricciones a la movilidad por el coronavirus. Solo el pasado año terminó con un crecimiento del 20 por ciento y una facturación global de 200.000 millones de dólares (más de 165.000 millones de euros). Si bien el uso de videojuegos puede traer de la mano ventajas y beneficios (mejoran la capacidad de respuesta; fomentan el trabajo en equipo; estimulan la creatividad, la atención y la memoria visual…), un uso excesivo puede terminar en patología. Recientemente la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que añadiría la adicción a los videojuegos a su lista de trastornos mentales. A partir del 1 de enero de 2022 el tratamiento y las medidas de prevención diseñadas por esta Organización serán efectivas.

Adicción a los videojuegos: ¿enfermedad o trastorno mental?

Esta decisión tuvo lugar en el marco de la 72ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en Ginebra. Así, la 11ª Revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) incluye la adicción a los videojuegos en su lista de trastornos.

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