Las 24 muertes producidas en Argentina tras el consumo de cocaína contaminada nos despertaron algunos cuestionamientos. Sobre todo, luego de ver que el uso de una sustancia particular logró revertir los efectos de la intoxicación, salvando la vida de varias personas. Naloxona, carfentanilo, cocaína, opioides, ¿qué son? ¿cómo funcionan en nuestro cuerpo? ¿o para qué se usan? La siguiente nota busca responder a estos interrogantes y reflexionar acerca de la necesidad de aplicar políticas efectivas de reducción de riesgos y daños en nuestro territorio. 

¿Opioides u opiáceos?

Vayamos de adentro hacia afuera para entender un poco mejor el funcionamiento de nuestro cerebro: cuando una sustancia exógena ingresa a nuestro cuerpo, o es producida por él –endógena-, genera una serie de modificaciones químicas que activan la comunicación –sinapsis– entre las neuronas. El espacio sináptico ubicado en las extremidades de las neuronas es desde donde se “envía el mensaje” a través de los neurotransmisores, los cuales serán captados por los receptores de la neurona vecina para producir un cambio en las células según la sustancia recibida -o según el mensaje-. “Llegó el café, activá”: si la sustancia exógena es psicoactiva -o sea, todas aquellas sustancias naturales o sintéticas, que alteran el funcionamiento de nuestro sistema nervioso central[1]-, como la cafeína, el cuerpo se despertará por tratarse de una droga estimulante, pero si de pronto nos encontramos cerca de la persona que amamos, el cerebro liberará dopamina haciéndonos sentir esa mezcla de alegría, nervios y, por qué no, mariposas en el estómago.

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