Redacción-

Europa es la región del mundo con el mayor número de servicios de reducción de daños, aun así, necesita mejorar en su atención a mujeres,  migrantes y personas presas que usan drogas. Esta es una de las principales conclusiones que se pueden extraer del informe Civil society monitoring of harm reduction in Europe 2020 [Seguimiento de la reducción de daños por parte de la sociedad civil en Europa 2020] publicado por Correlation – Eruopean Harm Reduction Network [Correlación – La Red Europea de Reducción de Daños].

En Europa están diez de los doce países del mundo con salas de consumo de drogas autorizadas oficialmente y más del 90% de los países hacen referencia a la reducción de daños en sus políticas nacionales de drogas. Sin embargo, como comentan en el informe, aún siguen  habiendo barreras de acceso. Para conocer esta realidad más de cerca a través de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan diariamente con personas que usan drogas, Correlation – European Harm Reduction Network (C-EHRN) ha sacado el informe que venimos a comentar a continuación.

Este informe es el resultado del seguimiento del trabajo de 35 organizaciones de la sociedad civil,  que trabajan la reducción de daños de forma local en 34 países Europeos. Como C-EHRN comenta en el informe, esto no nos da una imagen precisa de lo que está pasando en Europa, pero sí aporta datos cualitativos de mucho valor. También comentan que más de la mitad de las organizaciones encuestadas aseguran que en su ciudad se ofrece una mejor prevención, en el caso de las sobredosis, en comparación con el contexto nacional. «El contexto de prevención en sobredosis descrito por C-EHRN se basa en buena parte en los mejores ejemplos disponibles del país».

Según los datos obtenidos de este seguimiento, recogidos en el informe, la participación de las organizaciones civiles en la formación de políticas es alta, aunque deficiente. La mayoría de organizaciones comentaron participar directamente en el intercambio de cooperación con sus gobiernos, ya sea a nivel nacional (80%) o local (75%). Pero más del 60% de las organizaciones ven esta colaboración como algo unidireccional del gobierno a las organizaciones. Y aunque la mayoría de organizaciones consideren que se puede hablar abiertamente y criticar al gobierno sin enfrentar repercusiones o recortes presupuestarios, el 80% mencionó el desafío relacionado con la falta de transparencia del gobierno y la falta de financiamiento adecuado.

Sobre el trabajo en prevención y tratamiento de la Hepatitis C, casi todas las organizaciones comentan que en sus países hay directrices nacionales que incluyen a las personas que usan drogas de forma inyectada. Pero en el 19% de las ciudades se informaron de diferentes restricciones en el acceso a los antivirales de acción directa, en algunas de las ciudades los antivirales solo son para quienes participan de programas de substitución de opioides. Según C-EHRN es fundamental que las mismas instalaciones puedan ofrecer tanto la prueba como el tratamiento de la Hepatitis C. Sin embargo, en Europa, esta integración de pruebas y tratamiento en el mismo lugar es poco habitual.

La sobredosis de drogas es una de las principales causas de muerte en Europa, aseguran en el informe. No obstante, en al menos siete países europeos, la prevención de la sobredosis no figura en ningún documento de política oficial. Un ejemplo de las aportaciones cualitativas que el seguimiento de estos servicios tiene en el campo de la sobredosis, es conocer cuáles son las substancias más relacionadas con la sobredosis de la mano de los servicios que están trabajando con personas que usan drogas. Según C-EHRN la mitad de las sobredosis de 2020 han sido por heroína, fentanilo u otros opioides sintéticos, y entre estas la heroína fue la que causó la mayoría. Varias de las sobredosis implicaron el uso de múltiples sustancias. Las características más frecuentes en estas muertes fueron: encontrarse en situación de desamparo, consumir drogas solo, consumir múltiples drogas, haber sido liberado recientemente de prisión, no tener acceso a la naloxona o no pedir ayuda por miedo a la policía. La naloxona está disponible en el 80% de las ciudades de las 35 organizaciones en seguimiento, y en el 60-70% de los casos también está disponible para el personal de reducción de daños y las personas que consumen drogas.

Otra de las valiosas aportaciones del informe de seguimiento son las nuevas sustancias y tendencias en consumo que observan las organizaciones. Solo 8 organizaciones relataron la aparición en sus territorios de sustancias nuevas o que previamente no se utilizaban en ese entorno. Estas fueron: los cannabinoides sintéticos, la ketamina, el opiáceo sintético «isotonitazeno», el 2CB, el crack y la oxicodona. En relación con las nuevas tendencias de consumo se ha observado una expansión del consumo de MDMA inhalado en lugar de ingerirlo vía oral, también oxicodona comprada en línea e inyectada o inhalada, o las drogas de las Chemsex. Las nuevas combinaciones de drogas que comentaron las diferentes ciudades fueron ketamina y cocaína, cannabis y anfetaminas, metadona y anfetaminas y el uso combinado de opiáceos.

Durante mayo y julio de 2020 se recopilaron datos sobre el efecto del Covid-19 en la reducción de daños de estas organizaciones. Por motivo de la pandemia las personas que consumen drogas y los servicios de reducción de daños se vieron afectados por la variedad de estrategias de contención del virus, como el cierre de fronteras, las reducciones de los servicios y el aumento de la presencia policial. El informe resalta la gran capacidad de adaptación que tuvieron los centros de atención, incluyendo nuevos servicios en línea o la entrega a domicilio. Pese a la situación ninguno de los servicios que permanecieron abiertos informó de limitaciones en los suministros de reducción de daños. Se acentuaron las necesidades de alimentos y refugio, y muchos servicios se organizaron para cubrir estas necesidades, con un aumento del voluntariado que lo hizo posible. Aproximadamente la mitad de las personas que consumen drogas también notó un aumento en los problemas de salud mental, en los problemas con la policía, en la dificultad para reunirse y obtener drogas, en falta de turistas y de dinero, en el aumento de las personas sin hogar con los nuevos retos que suponía, y en la falta de centros de acogida para el contacto social.

Según el informe, la cobertura de reducción de daños es insuficiente, sobre todo para algunos subgrupos de las personas que usan drogas. En muchas ciudades la mayoría de servicios están enfocados a las personas que se inyectan opioides, dejando fuera a personas que no se inyectan o consumen otras drogas. Además las mujeres, las migrantes y las personas encarceladas que usan drogas carecen de asistencia en varias ciudades/países de Europa. A esto le sumamos la falta de financiamiento y apoyo político que suelen tener estas organizaciones, señala Correlation – Eruopean Harm Reduction Network en su informe.

 

Leer el informe completo en inglés