El Plan Nacional sobre Drogas ha realizado por primera vez una encuesta específica orientada a identificar los consumos de drogas entre las personas mayores de 64 años: el I Estudio sobre Alcohol, Drogas y otras Adicciones en Mayores de 64 Años en España (ESDAM) 2019/2020.

De momento solo se conocen datos provisionales, así que tendremos que dejar para otra ocasión una presentación más detallada. Sin embargo, en lo que se ha publicado hay algunos datos que, no por conocidos y previsibles, dejan de llamar la atención (ver el avance publicado, a partir de la página 21 y téngase en cuenta que el estudio es previo a la pandemia por covid-19).

Consumos que decrecen con la edad

Es una obviedad que, a medida que van trascurriendo las décadas, la tendencia general es la reducción de los consumos. En el caso de las drogas no legales, como puede verse en la tabla «Principales resultados», y en relación con el alcohol y el tabaco). Cuando se conozcan los datos completos de ambas encuestas (15-64 años y mayores de 64 años), y además desglosados los datos por franjas etáreas, podrá verse cómo se dibuja esta tendencia.

Con la farmacopea hemos topado

Lo que no es tan de recibo es la relación con los hipnosedantes que muestra la siguiente tabla. Estamos hablando de fármacos básicamente obtenidos con receta médica, de naturaleza ansiolítica y/o hipnótica (los conocidos tranquilizantes y pastillas para dormir).

El avance publicado de la encuesta 15-64 años no muestra este dato, por lo que tenemos que irnos a la anterior, correspondiente a 2017-18, para ver cómo venían evolucionando estos consumos con receta. Lo que vemos en la siguiente tabla es que los consumos de estas sustancias no son bajos, si bien la tendencia general parece a la estabilización en los últimos años, con ligeras mejorías.

Pero es que si vamos a ver cómo evoluciona la prevalencia en las distintas cohortes de edad, en 2017-18 era para la población 15-64 como muestra la siguiente tabla, en cuanto a la variable consumo en los últimos 30 días.

Vemos cómo va aumentando con la edad, hasta alcanzar en la banda de edad 55-64 años proporciones considerables. Vemos también como el consumo en función de la variable género es a todas las edades fundamentalmente femenino.

Que 13 de cada 100 personas de entre 55 y 64 años hayan consumido este tipo de fármacos durante el mes anterior, y que lo haga a partir de los 64 años una de cada tres mujeres y el 13,5 % de los hombres, merecería una reflexión a fondo sobre la medicalización de la vida cotidiana y la atención sanitaria de gatillo fácil a la hora de la prescripción de estos fármacos. Procesos que no solo afectan a las personas mayores, pero que con ellas adquieren mayor relevancia.

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