No sólo en los grandes casinos está el peligro de la ludopatía. Las maquinitas y las tragamonedas, instaladas en panaderías o tiendas de barrio, son una tentación para muchos menores que se vuelven adictos a este tipos de juegos.

Ricardo cambió la sala de su casa por una tarde de juego. Ese día no comió en el recreo, apenas terminó de estudiar corrió a la tienda de su barrio, en el Distrito de Aguablanca, para gastarse las pocas monedas que su mamá le dio esa mañana.

Pero la plata no le alcanzó para seguir moviendo los controles. En la pantalla, Leona, con una melena azul, lanzaba patadas contra Román, un moreno parecido al legendario Mario Baracus. Después de tres juegos, Leona cayó del ring. Otros cien pesos debió colocar Ricardo. En una hora la plata del recreo ya se había acabado. Corrió a su casa sacó dos sillas rimax y una mesa y las llevó a la tienda. Las cambió por mil pesos: otras dos horas de juego Street Fighter.

Ricardo sólo tiene 10 años y ya está enviciado. No necesita entrar a los grandes casinos para correr el peligro de esta adicción, a pocas cuadras de su casa están las maquinitas.

Las maquinitas, a diferencia de las tragamonedas, no están controladas por Etesa, entidad encargada de control los juegos de azar, ya que son considerados de destreza. Lo que si existe es una medida en el Código Nacional de Policía, en la que se debe controlar que los menores de 14 años estén en lugares donde existan juegos electrónicos.

Debido a las constantes quejas de padres de familia, la Policía de Menores realiza tres veces al mes controles en las tiendas de los barrios para supervisar que los niños no estén en jugando maquinitas. Este año en los cuatro operativos que han efectuado fueron encontrados ocho niños, los cuales fueron entregados a sus padres. Además, emitieron cuatro comparendos a los establecimientos.

La secretaria de Gobierno de Cali, Eliana Salamanca, asegura que no hay un decreto que regule los juegos de destreza, por eso hace un llamado a los padres de familia para que estén pendientes de sus hijos.

“Uno pasa por la tienda y ve los muchachos hasta las 12:00 o 1:00 de la madrugada. Son un mundo de pelados, hasta los ladrones y viciosos del barrio llegan allí a jugar”, relató una madre del barrio Salomia.