A Luis hay que llamarle Luis aunque Luis no se llame Luis. Tiene 23 años y vive en Madrid. Antes de empezar a hablar, Luis, que nunca revelará su verdadero nombre para evitar ser estigmatizado, dice que es un chico “extrovertido”. Después de unos segundos, el joven decide ampliar su descripción. “También un poco disfuncional”, afirma. La carta de presentación para poder conocer a Luis era algo más específica: tiene patología dual, que en su caso conlleva un trastorno límite de la personalidad y una adicción al consumo de sustancias como cannabis o cocaína.
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