El síndrome de Leigh, también conocido como encefalopatía necrotizante subaguda, es un trastorno neurometabólico grave y poco frecuente que afecta principalmente a los músculos y al sistema nervioso central, incluidos el cerebro, la médula espinal y el nervio óptico. Esta enfermedad genética se caracteriza por un deterioro neurológico progresivo, lo que provoca una pérdida gradual de las capacidades motoras y cognitivas, y, en la mayoría de los casos, conlleva a una muerte prematura. Afecta predominantemente a recién nacidos y niños pequeños, con síntomas que suelen manifestarse antes de los dos años de vida. Sin embargo, aunque es mucho menos común, también puede desarrollarse en adolescentes e incluso en adultos.

Se estima que el síndrome de Leigh afecta a aproximadamente 1 de cada 40.000 personas en la población general. Sin embargo, en algunas poblaciones aisladas, como en las Islas Feroe, la incidencia es significativamente mayor, llegando a afectar a 1 de cada 1.700 personas, debido a una mayor prevalencia de ciertas mutaciones genéticas específicas en estas comunidades.

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