La adicción al juego es un fenómeno que, aunque afecta tanto a hombres como a mujeres, presenta diferencias notables tanto en sus causas como en los síntomas y el impacto sobre la vida diaria según el género. Las mujeres no solo se ven afectadas por la dependencia al juego, sino que también deben enfrentarse a un estigma social más intenso, arraigado en una sociedad patriarcal que históricamente ha asociado el juego con los hombres.
Según la encuesta EDADES de 2022, la prevalencia de posible juego problemático es del 2,4 % entre los hombres de entre 15 y 64 años, mientras que en las mujeres se reduce hasta el 0,9 %. Aunque las cifras muestran una menor prevalencia entre las mujeres, la realidad que viven es mucho más compleja. Según la doctora Susana Jiménez-Murcia, directora del Programa de Adicciones Comportamentales del Hospital Universitario de Bellvitge, las mujeres a menudo llegan al tratamiento en estadios más avanzados de la enfermedad y con una gran carga de vergüenza y culpa, lo que dificulta el proceso de recuperación.
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