La combinación de alcohol con bebidas energéticas provoca una falsa sensación de sobriedad en los consumidores. “El individuo está borracho, pero no tiene la sensación de estarlo en el grado en el que en realidad está”. Así lo resumen los autores del estudio brasileño publicado por la revista especializada “Alcoholism: Clinical & Experimental Research“.

“Los resultados indican una evidente desconexión entre la realidad objetiva de las mediciones y la percepción subjetiva de las habilidades de los consumidores”, indica Maria Lucia O. Souza-Formigoni, profesora asociada del departamento de psicobiología en la Universidad Federal de Sao Paulo en Brasil, autora principal del trabajo.

Estas bebidas reducen la percepción de la debilidad, boca seca, dolor de cabeza y disminución de la coordinación motora, efectos típicos de las bebidas alcohólicas. Muy al contrario, las mediciones objetivas del tiempo de reacción visual o la coordinación motora siguen siendo casi iguales a las de los individuos que no han combinado la bebida alcohólica con las de tipo energético.

Las bebidas energéticas están compuestas por azúcares (aportan energía), cafeína (equiparable a una taza de café), taurina (favorece la producción de energía en el organismo a partir de grasas) y en concreto el Red Bull, bebida con la que se realizó el experimento, incluye altas cantidades de vitamina B.

Un estudio previo, dirigido por la misma autora, sobre el uso de bebidas energéticas entre los brasileños suministró datos acerca de los principales efectos sobre los consumidores. La mayoría coincidían en que les producían felicidad (38%), euforia (30%), desinhibición (27%) y aumento del vigor físico (24%).

Estos datos sugieren que las bebidas energéticas “predisponen a la gente al abuso del alcohol ya que enmascara sus efectos depresores“, indica Roseli Boerngen de Lacerda, coautora del trabajo en la Universidad Federal de Paraná (Brasil).
El estudio

En el estudio participaron 26 varones. Se dividieron en dos grupos, uno compuesto por 14 individuos que ingirieron un gramo de alcohol por cada kilogramo de su peso y otro compuesto por 12 personas que tomaron 0,6 gramos por cada kilogramo. Se sometieron a tres experimentos separados por siete días de descanso cada uno: en uno tomaban solo alcohol (vodka), en otro ingerían la bebida energética aislada (Red Bull) y en otro tomaron la bebida alcohólica combinada con la energética.

Tras cada sesión los investigadores tomaron datos de la sensaciones subjetivas de la intoxicación de cada uno de los participantes. También midieron la coordinación motora, la concentración de alcohol en el aliento y el tiempo de reacción visual.

“No deben conducir nunca”

“El alcohol no sólo afecta a la coordinación motora sino que también altera la capacidad de decisión, porque afecta a un área importante del cerebro, el córtex prefrontal“, explican.

Los autores insisten en resaltar que los conductores borrachos no son solo peligrosos porque disminuye su capacidad de reacción y de coordinación sino porque también lo hace su capacidad para evaluar riesgos. “La gente debe entender que encontrarse bien [sentirse sobrio] no quiere decir necesariamente que no estén afectados por el alcohol. A pesar de lo bien que se encuentren, no deben conducir. Nunca”, sentencia.