Más del 90% de los billetes de euro en circulación contienen restos de drogas, principalmente cocaína y anfetamina, y en menor medida de opiáceos. Esta es una de las principales conclusiones del estudio desarrollado por investigadores de la Unidad de Toxicología de la Universidad de Las Palmas bajo la dirección de Luis Domínguez-Boada.
Los investigadores analizaron 120 billetes de cinco, diez, veinte y cincuenta euros, recogidos de forma aleatoria en cajeros automáticos, en su mayoría situados en el Sur de Gran Canaria y, en menor medida, en la capital.
«El objetivo del trabajo fue corroborar el patrón de consumo de drogas en Canarias por medio de una matriz que está siempre en contacto con las drogas, que son los billetes, bien porque se usen para esnifar o porque estas sustancias pueden transferirse a los billetes en los procesos de compra-venta. Luego estos billetes los recogen los bancos y entran en los cajeros automáticos».
Los investigadores desarrollaron un método de análisis mediante cromatografía de líquidos acoplada a espectrometría de masas, que permitió identificar y cuantificar 21 drogas y metabolitos de uso frecuente. «El estudio sobre análisis de drogas en billetes en circulación ya se había hecho en dólares americanos, pero es la primera vez que se miden tantas sustancias a la vez», afirmó Domínguez-Boada, director del citado grupo de investigación.
Los resultados confirman el patrón de consumo dominante de la cocaína y las anfetaminas en Canarias. El 92,5% de los billetes presentaban residuos de cocaína o sus metabolitos, el 75% de anfetaminas o derivados, un 35% tenían residuos de opiáceos como la heroína y, como dato curioso, se detectó que un 15% presentaban residuos de benzodiacepinas, «lo cual indica que hay un mercado negro de ansiolíticos en la calle».
También el estudio han puesto de manifiesto que en Canarias no está extendido el consumo de drogas de diseño, dado que no se han descubierto este tipo de sustancias en los billetes analizados. «Nuestro objetivo es repetir el estudio cada dos años para ver si hay cambios en la tendencia de la contaminación de los billetes por drogas, lo que estaría reflejando de forma indirecta un cambio en el patrón de consumo».