El 28 de octubre la política represiva contra las drogas aseguró una poderosa plataforma en Brasil, la cuarta democracia más grande del mundo, con la elección del candidato presidencial de extrema derecha Jair Bolsonaro. Obtuvo el 55 por ciento de los votos.

Los antecedentes militares de Bolsonaro informan sobre su violento acercamiento a la política de drogas. El ex capitán de la unidad de artillería ha expresado con frecuencia su apoyo a los homicidios policiales de personas presuntamente sospechosas de tráfico de drogas. Esta posición se hace eco de la misma del presidente filipino Rodrigo Duterte, quien actualmente está llevando a cabo una guerra contra las drogas a gran escala que ha matado, sin juicio, a más de 12,000 personas sospechosas de violaciones de la ley de drogas.

Las posibles políticas de drogas de Bolsonaro están arraigadas ideológicamente a un fanatismo social más amplio. Tiene un largo historial de abogar por una dictadura militar, despreciando públicamente a las mujeres, los homosexuales y las comunidades afro-brasileñas e indígenas. Los líderes indígenas en Brasil han expresado sus temores de genocidio ante la perspectiva de la elección de Bolsonaro. Bolsonaro también ha sugerido que el uso de drogas provoca que las personas se vuelvan homosexuales, y que la legalización de las drogas “beneficia” a los traficantes, violadores y secuestradores”. No ofrece evidencia de estas creencias.

Aunque algunas publicaciones estadounidenses repiten el mensaje de que Bolsonaro de es como Trump, algunos expertos en Brasil advierten que, dado el contexto, Bolsonaro puede ser aún más peligroso.

Nota: artículo traducido del original en idpc.net