El LSD (iniciales alemanas de Dietilamida del Acido Lisérgico) es una droga con efectos alucinógenos y fue la más consumida dentro del movimiento hippie de los años sesenta, tras lo cual quedó prohibida.

Conocido como LSD-25 debido a que de una serie de veintiséis derivados sintetizados a partir del cornezuelo era el número veinticinco, se comercializó como especialidad farmacéutica en 1947 con el nombre de Delysid y la indicación de que relajaba estados de ansiedad y neurosis obsesivas.

Durante los primeros años, el LSD se empleó casi exclusivamente con fines médicos, en psiquiatría, psicoterapia e investigaciones sobre el cerebro.

Su consumo masivo, sin embargo, se produjo en los años 60 en Estados Unidos, donde se convirtió en la droga de moda del movimiento hippie, lo que conllevó a que fuera declarada ilegal en 1966.

Conocido también como ácido o tripi (del inglés “trip”, viaje), el LSD es un líquido incoloro, inodoro y con un sabor ligeramente amargo.

Se consume generalmente por vía oral y en diversas formas (micropuntos, hojas de papel absorbente con diversos motivos gráficos, terrones de azúcar impregnados, entre otras) y una de sus características principales es su potente efecto con dosis mínimas.

A la media hora de su consumo empiezan a manifestarse sus efectos, que duran unas ocho horas y son impredecibles, pudiendo ser agradables o desagradables dependiendo de factores como la personalidad del consumidor, su estado de ánimo o el ambiente en que se consume.

El LSD induce a estados alterados de conciencia, que algunos comparan con los de la esquizofrenia, mientras otros prefieren hablar de “experiencia mística”.

Durante el “viaje” se producen alucinaciones visuales que modifican la forma de los objetos con visiones fantásticas ricas en color y movimiento.

Las sensaciones parecen “cruzarse” dando al usuario la impresión de oír los colores o ver los sonidos, al tiempo que se producen alteraciones en la percepción corporal con sensación de alejamiento respecto a uno mismo o la impresión de sentir varias emociones diferentes al mismo tiempo.

A diferencia de otras drogas, con el LSD no hay una disminución del nivel de conciencia y queda un recuerdo nítido de la experiencia.

Esta sustancia no es considerada una droga muy adictiva, ya que no provoca un comportamiento compulsivo para conseguirla, pero sí produce una gran tolerancia a los efectos, de manera que se deben tomar dosis cada vez mayores para lograr los efectos previos